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Publicado en Diario Perfil el 18/02/2020

 

Marcos Zocaro

Los precios de acciones y bonos están muy atados a la política y cualquier acontecimiento o rumor, por mínimo que sea, puede generar violentas variaciones en las cotizaciones. La volatilidad será una constante en este 2020.Y el riesgo para los activos argentinos permanecerá demasiado elevado.

El panorama, de esta forma, no está para nada claro. Como el más osado de los equilibristas, el Gobierno nacional necesita lograr una exitosa reestructuración de la deuda antes de marzo próximo (lo que incluye al FMI), al mismo tiempo que debe mejorar las cuentas públicas, disminuyendo el déficit fiscal y procurando la reactivación de la economía. ¿Lo logrará?

Esperemos que sí y que el año próximo podamos publicar un artículo sobre “El milagro argentino de 2020” y no sobre el desastre económico que nos dejó el 2019 y que, en consonancia, también involucró al año bursátil.

De hecho, si bien en las últimas ruedas del año pasado se vivió un rally ascendente, con subas superiores al 10% mensual en muchos activos, esto no fue más que un aliciente para tanta baja acumulada: el S&P Merval (índice que mide el desempeño de las acciones locales) se desplomó casi un 30% en dólares en el período mencionado.

Desde inicios de 2019, el mercado venía mostrando un rendimiento aceptable, hasta que el lunes 12 de agosto, el día posterior a las elecciones PASO, se produjo uno de los derrumbes bursátiles más grandes de nuestra historia. Algunas acciones cayeron hasta un 50% en dólares y los títulos públicos, un 20%, todo esto acompañado de una disparada de la cotización del dólar oficial (que subió casi un 20% sólo ese día).

Si ampliamos el rango de análisis a los cuatro años de mandato de Cambiemos, las empresas argentinas cotizantes en Bolsa perdieron cerca del 56% de su valor de mercado, lo que representa más de 30.000 millones de dólares.

El segundo semestre de 2019 también estuvo signado por la escalada del riesgo país (sobre tasa de interés que debería pagar la Argentina para endeudarse, en comparación con los Estados Unidos), el cual empezó el 2019 por debajo de los 800 puntos, llegando a superar los 2.500 durante el año y finalizándolo en casi 1.800.

Incluso, luego de la renuncia del ministro de Hacienda Nicolás Dujovne, su reemplazo, Hernán Lacunza, anunció el famoso “reperfilamiento” de deuda, reprogramando las fechas de pago de parte de las obligaciones de corto plazo.

Después de ese “virtual” default, para frenarla sangría de dólares del Banco Central, tuvimos el regreso del viejo y conocido cepo cambiario. Para apuntalar las medidas, en paralelo se dispuso una serie de restricciones a la operatoria con títulos públicos (parking bursátil) y el más reciente impuesto PAIS del 30% sobre los consumos en moneda extranjera.

En los últimos días del año pasado, el alza en las cotizaciones bursátiles se debió principalmente a la buena aceptación por parte del mercado del paquete fiscal aprobado en el Congreso.

Sin embargo, siguiendo paso a paso la novela de la deuda (no sólo nacional, sino también de la provincia de Buenos Aires), en enero la situación se revirtió y la Bolsa volvió a terreno negativo: cayó más del 16% en dólares y las empresas locales perdieron cerca de 1.700 millones de dólares de su capitalización bursátil.


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